PENSAMIENTOS, REFLEXIONES Y ENSAYOS PARA CULTIVAR UNA BUENA SALUD DEL SER EN RELACIÓN CON DIOS, CON LA HUMANIDAD Y CON LA NATURALEZA.
martes, 1 de julio de 2008
Algunos datos históricos de nuestra congregación
Primer Consistorio y recurso pastoral. Rev. Luis Maldonado Soltero, pastor fundador y moderador, Ancianos Ramón Ramírez López, Domingo Rosado, Eladio Cruz y Raúl Vélez. También se organizó una Junta de Síndicos, la cual se unió al Consistorio para levantar la misión. Los integrantes fueron Lic. Florencio Pagán Cruz, Antonio Molet, Juan Soto, Patria Tió de Ramírez, Dr. Pedro Conde, Jaime Nazario, José Culpeper, Santiago Plá y Ramón Ramírez López.
Punto extraordinario en términos de luchas y esfuerzos para establecer la obra y su misión. El Rev. Luis Maldonado Soltero, retirado como capellán del Ejército y disponible a levantar la misión se une a Raúl Vélez, Ramón Ramírez López y el Dr. Pedro Conde, en el hogar de este último para iniciar la obra habiendo hecho un estudio de la población en Hato Rey con necesidades de ayuda espiritual, servicios sociales y recreación. La idea fue aceptada y se unieron otros hermanos. Se observa la ubicación propia pensando la Universidad de Puerto Rico, el Seminario Evangélico y los visitantes que vienen del resto de la Isla.
Proyectos dentro de su obra de misión. Misión y auspicio por más de 35 años al programa de Escutismo Femenino. Actualmente se continúa con este proyecto, además de auspiciar un capítulo de Alcohólicos Anónimos, Proyecto de Reciclaje, Personas Retiradas en Servicio Voluntario (RSVP), Campamento Bíblico de Verano, Evangelización y educación cristiana a niños del Residencial Nemesio R. Canales, Proyecto de Estudios Supervisados "Estudia y Triunfa", Clases de manejo de computadoras.
Sueños y retos de misión para los próximos 10 años. Llevar el mensaje del evangelio a toda persona a través de la adoración y la educación cristiana. Fomentar el crecimiento espiritual de las personas en un mundo cambiante. Crecer en el número de miembros e impactar la comunidad en presencia y servicio.
Nombre de miembros del Consistorio en el 2011. Rev. Juan R. Rivera Medina (moderador), Anc. María del Carmen Hernández-Ricoff (secretaria), Anc. Axel D. Cruz, Anc. Marirosa Nazario-Martínez, Anc. Vicente Lanzot-Villanueva, Anc. Omayra González-Méndez, Anc. Lorena Jaramillo-Nieves, Anc. Elie Ortiz-Rosario y Anc. Víctor Zequeira López.
Breve Declaración de Fe
La Iglesia Presbiteriana (EUA) es una iglesia confesional. Esto significa que expresa sus creencias y enseñanzas por medio de documentos tales como credos, catecismos, confesiones y declaraciones de fe. Los más antiguos documentos confesionales reconocidos por la Iglesia Presbiteriana (EUA) son el Credo Niceno y el Credo de Los Apóstoles. Hay otros documentos confesionales que datan de la época de la reforma protestante (Siglo 16+) y varios han sido producidos en el Siglo XX. El más reciente de nuestros documentos confesionales fue aprobado para uso de la Iglesia en 1991. El mismo expresa de manera clara y en lenguaje sencillo la fe de la Iglesia Presbiteriana en el tiempo presente. A continuación el texto de la Breve Declaración de Fe—Iglesia Presbiteriana (EUA), según reza en la primera parte de nuestra constitución: El Libro de Confesiones.
BREVE DECLARACIÓN DE FE —IGLESIA PRESBITERIANA (EUA)
I. En vida y muerte a Dios pertenecemos. Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, confiamos en el único Dios trino, el Santo de Israel, a quien sólo adoramos y servimos.
II. Confiamos en Jesucristo, pleno Dios, pleno humano. Jesús proclamó el reinado de Dios: predicando buenas nuevas a los pobres y libertad a los cautivos, enseñando por palabra y obra y bendiciendo a los niños, sanando a los enfermos y vendando a los quebrantados de corazón, comiendo con los desechados, perdonando a los pecadores, y llamando a todos a arrepentirse y creer en el evangelio. Condenado injustamente por blasfemia y sedición, Jesús fue crucificado, sufriendo hasta el fondo el dolor humano y dando su vida por los pecados del mundo. Dios levantó a este Jesús de los muertos, vindicando su vida sin pecado, rompiendo el poder del pecado y del mal, rescatándonos de muerte a vida.
III. Confiamos en Dios, a quien Jesús llamó Abba, Padre. En amor soberano Dios creó al mundo bueno y hace a cada uno igualmente a imagen de Dios, varón y hembra, de toda raza y pueblo, para vivir como una sola comunidad. Pero nos rebelamos contra Dios; nos escondemos de nuestro Creador. Desconociendo los mandamientos de Dios, violamos la imagen de Dios en otros y en nosotros, aceptamos mentiras como verdad, explotamos al prójimo y a la naturaleza y amenazamos de muerte al planeta confiado a nuestro cuidado. Merecemos la condenación de Dios. Mas Dios actúa con justicia y misericordia para redimir a la creación. Con amor perdurable, el Dios de Abraham y Sara escogió a un pueblo de pacto para bendecir a todas las familias de la tierra. Escuchando su clamor. Dios liberó a los hijos e hijas de Israel de la casa de servidumbre. Amándonos aún, Dios nos hace con Cristo herederos del pacto. Como madre resuelta a no abandonar a su niño de pecho, como padre que corre a dar al pródigo la bienvenida al hogar, Dios sigue aún siendo fiel.
IV. Confiamos en Dios Espíritu Santo, en todo lugar dador y renovador de vida. El Espíritu nos justifica por la gracia mediante la fe, nos deja libres para aceptarnos y para amar a Dios y al prójimo, y nos unifica con todos los creyentes en el cuerpo único de Cristo, la Iglesia. El mismo Espíritu quien inspiró a profetas y apóstoles norma nuestra fe y vida en Cristo por medio de la Escritura, nos capta por la Palabra proclamada, nos hace suyos en las aguas del bautismo, nos alimenta con el pan de vida y la copa de salvación, y llama a mujeres y hombres a todos los ministerios de la Iglesia. En un mundo quebrantado y temeroso el Espíritu nos da valor para orar sin cesar, para testificar de Cristo como Señor y Salvador ante todos los pueblos, para desenmascarar idolatrías en la Iglesia y en la cultura, para oír las voces de pueblos por largo tiempo silenciados, y para laborar con otros por la justicia, la libertad y la paz. En gratitud a Dios, dinamizados por el Espíritu, nos esforzamos por servir a Cristo en nuestras tareas diarias y por vivir vidas santas y gozosas, mientras aguardamos el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios, orando "¡Ven Señor Jesús!"
V. Con creyentes en todo tiempo y lugar, nos gozamos que nada en vida o en muerte puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
VI. Gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.