viernes 1 de enero de 2010

Leccionario Enero 2010

¡Feliz año nuevo!  Para que comiences el año buscando la dirección del Señor a través de las Escrituras, descarga el leccionario para el mes de enero 2010.

domingo 27 de diciembre de 2009

Año nuevo, vestido nuevo

Colosenses 3.12-17 NVI
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Estamos en plena celebración de la temporada de Navidad. En el calendario litúrgico de la Iglesia, esta temporada tiene 12 días de duración, comenzando el 25 de diciembre y extendiéndose hasta el 6 de enero, cuando se celebra la fiesta de la Epifanía. En el calendario civil la historia es otra. La celebración de la Navidad en nuestra tierra comienza alrededor del día de acción de gracias (último jueves de noviembre) y se extiende hasta casi mediados del mes de enero. Prácticamente mes y medio lo concentramos a la celebración de fiestas y eventos especiales, algunos alusivos al motivo real de la época (el nacimiento de Cristo Jesús), mientras que otros simplemente se enfocan en la fiesta, por la fiesta misma. Los centros comerciales se abarrotan de gente mirando, consumiendo, gastando, endeudándose. Los bares (“pubs”), los restaurantes, los grupos musicales, los DJ's, los hoteles, salones de actividades y negocios similares ven crecer sus ganancias pues cualquier momento durante ese mes y medio es oportuno para montar un baile o una fiesta – aunque mucha gente no tenga plena conciencia de lo que realmente se está celebrando.

Tantas fiestas, actividades y eventos especiales llevan a la gente a invertir dinero en ropa nueva, toda vez que la ocasión sirve perfectamente como excusa para estrenar nuevos atuendos. Año nuevo, vestido nuevo y – en muchos casos – accesorios nuevos (zapatos, carteras, prendas, etc.), y recorte nuevo: las fiestas ameritan nuestra mejor presentación y apariencia. Incluso hay quienes aprovechan el momento para hacer la “limpieza anual” de su armario para deshacerse de aquellas piezas que ya no les sirven, o que simplemente ya no les satisfacen, para hacer espacio a su nuevo ajuar. Ya que estamos en ese ejercicio, ¿qué tal si hacemos mejor una limpieza espiritual que afecte nuestro carácter y nuestra conducta?

El texto bíblico para hoy forma parte de una exhortación que el autor hace a su audiencia. En su planteamiento utiliza los conceptos de “despojarse” y “revestirse” como símbolos de lo que debe ocurrir en la vida de la persona que cree en Jesucristo. En los primeros versos del capítulo 3, el autor bíblico establece que por causa de lo que Cristo en su gracia ha hecho, el(la) creyente debe despojarse del «ropaje de la vieja naturaleza» y ponerse el «ropaje de la nueva naturaleza» (3.9-10). Debemos señalar que esta exhortación no va dirigida a la sociedad en general. El texto bíblico está enfocado en aquellos(as) que tienen conciencia de sí mismas como personas amadas, llamadas y escogidas por Dios, resucitadas con Cristo (vv. 1, 3, 12). Es un error – como hacen algunas iglesias - querer imponer por la fuerza a la sociedad un estilo de vida que por naturaleza no le corresponde. El énfasis está en el(la) propio creyente: no es asunto de cómo yo quiero que el mundo se comporte, sino como yo debo comportarme en el mundo a la luz de la acción de Dios en mi vida...

Los cristianos(as) del Siglo I se enfrentaron a la necesidad de definir su papel en el contexto que les tocó vivir. En el mundo del Siglo I los cristianos(as) eran una minoría de la población en una sociedad que no simpatizaba con la fe en Jesucristo. En nuestro tiempo, aunque algunos(as) no lo quieran aceptar, los(as) creyentes también somos una minoría. No estamos hablando de quienes dicen ser cristianos(as), “de la boca pa'fuera” y visitan de vez en cuando los templos. Estamos hablando de quienes han tenido un encuentro con Jesucristo y buscan ser fieles a Jesucristo. Esa 'minoría' se enfrenta al dilema: ¿Cómo debe vivir un cristiano(a) en medio de una época que se identifica como “post-cristiana”? El texto bíblico contesta la pregunta con la misma expresión figurada: en medio de estos tiempos el(la) creyente tiene que llevar un “vestido nuevo”. Ese “vestido nuevo” se caracteriza por el afecto, la bondad, la humildad, la amabilidad, la paciencia, el perdón y – por encima de todo - el amor (vv. 12-14). Ese “vestido nuevo” viene acompañado de la paz de Cristo, un sentido de gratitud y el compromiso con una participación activa en la comunidad que se reúne para instruirse en la palabra de Cristo, y adorar a Dios (vv. 15-16).

Tener conciencia de quiénes somos, va a ser un factor determinante en nuestro desempeño. La exhortación en el v. 17 hace una recapitulación del planteamiento: «...todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.» Observemos bien la expresión: «TODO lo que hagan... háganlo en el nombre del Señor Jesús...» Hacer o decir algo en el nombre del Señor Jesús tiene el efecto de representación: es como si el propio Señor Jesús estuviese hablando o actuando. Es decir, lo que haces(hacemos) y lo que dices(decimos) representa a Jesús. Quizás nuestras palabras no han representado bien a Jesús últimamente. Por eso necesitamos el “vestido nuevo”. Quizás nuestras acciones no representan la compasión y la solidaridad de Jesús. Por eso necesitamos dejar atrás el ropaje viejo. Quizás seguimos arrastrando sentimientos, pensamientos y actitudes que en nada se diferencian de los sentimientos, pensamientos y actitudes de quien no ha descubierto la maravillosa gracia del Señor. ¡Qué mejor oportunidad que esta para hacer los cambios necesarios y tomar las determinaciones apropiadas! Si nos ocupamos de la vestimenta externa, ¡cuánto más debiésemos ocuparnos de la realidad interna! Año nuevo, vestido nuevo...

martes 22 de diciembre de 2009

¿Está la iglesia en tu lista de regalos?

La Iglesia Presbiteriana en Hato Rey es una institución sin fines de lucro organizada bajo las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

Nuestra Iglesia no recibe ayuda del gobierno de Puerto Rico ni tampoco fondos provenientes de la denominación, Presbyterian Church (USA). Esto significa que la Iglesia depende completamente de las ofrendas y donativos que recibe de parte de miembros y amig@s para poder continuar y sostener sus operaciones.

¿Qué tal si te animas a hacer una generosa contribución a la Iglesia en esta Navidad? Puedes hacer tu aportación en cheque a nombre de "Iglesia Presbiteriana en Hato Rey", dirigida por correo a:

Iglesia Presbiteriana en Hato Rey
134 Calle Eleanor Roosevelt
San Juan PR 00918-3105

¡Agradecemos tu apoyo a la misión de la Iglesia!

domingo 20 de diciembre de 2009

Ha puesto sus ojos en mí

Lucas 1.39-55 DHH

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Adviento es tiempo de preparación, tiempo de espera, tiempo del anhelo de la manifestación del reino de Dios. Adviento, viene del Latín «adventus» y significa “llegada”. En el tiempo de adviento recordamos la esperanza mesiánica del antiguo Israel y afirmamos el anhelo del regreso del Cristo en gloria eterna: ambas experiencias se convierten en inauguración y plenitud del reino/reinado de Dios. Hoy, 20 de diciembre, todavía estamos en adviento (aunque el comercio nos empuja su versión de la navidad desde el mes de septiembre). No obstante, un domingo como hoy la línea entre adviento y navidad se hace difusa: la promesa y el cumplimiento se funden en un encuentro inevitable y hermoso.

La porción del evangelio hoy ejemplifica claramente ese encuentro entre promesa y cumplimiento. El texto proviene del Ev. de Lucas, y aunque nuestros dramas y tradiciones entremezclan las historias de la natividad en Mateo y Lucas, vale la pena observar cada una en su justa perspectiva. Repito: hoy miramos a Lucas... En Lucas no vemos la estrella guía en el cielo, ni a los sabios/magos del oriente con sus regalos costosos... en Lucas encontramos gente pobre, muy pobre, personas que por diversas razones se encontraban al margen – o bien cerca del margen – de la sociedad. Ese dato es importante mantenerlo presente para una mejor comprensión de las narraciones en este evangelio (Lucas).

El texto que hoy leemos nos pone en contacto con ciertos temas que son característicos del Ev. de Lucas, temas que pueden ser reastreados aún en la segunda parte de esta obra (Hechos de los Apóstoles). La narración de la visita que la joven María hace a su prima Isabel y la canción que María entona (tradicionalmente conocida como “Magnificat”) nos permiten identificar algunos de esos temas acentuados en Ev. De Lucas, temas que luego de tantos siglos siguen siendo pertinentes y actuales.

PRIMER TEMA. La vindicación de la mujer como co-partícipe en los propósitos de Dios. En los tiempos reseñados por el documento bíblico el rol de la mujer era muy limitado. La mujer no era vista como un ciudadano completo. La mujer era propiedad del hombre. Una mujer que no estuviese anejada a un hombre (fuera este su papá o su marido, quizás su hermano o un hijo), estaba en serios problemas. En adición, la mujer era valorada en función de su capacidad reproductiva: pero su embarazo debía darse en la condición de mujer 'debidamente' casada, de lo contrario estaba en graves problemas. El texto en Lucas nos muestra dos mujeres con embarazos socialmente cuestionables. Una por su avanzada edad, habiendo sido identificada por su sociedad como “mujer estéril” (1.7). La otra por ser una madre soltera, de escasos 13 o 14 años de edad (las pinturas, los dramas y las películas presentan a María como una mujer ya desarrollada, pero en realidad se trataba de una jovencita). Cuando damos seria consideración a lo que nos informa el Ev. De Lucas, podemos contemplar el interesante sentido del humor de Dios: rompió los esquemas de lo que aquella sociedad consideraba “aceptable” y utilizó como instrumentos suyos a dos mujeres que por definición pertenecían al margen, y las hizo co-partícipes de sus propósitos divinos. Dios no juzga de la misma manera que nosotros(as) lo hacemos.

SEGUNDO TEMA. El papel del Espíritu Santo en la vida de la persona creyente. La narración indica que Isabel «quedó llena del Espíritu Santo» (1.29). Esa frase, “quedar lleno del Espíritu Santo”, la podemos rastrear en consecuentemente a lo largo de todo el Ev. De Lucas y luego en el libro de Hechos. El mensaje de la obra completa es simple: la presencia del Espíritu de Dios no es una experiencia para unas pocas personas privilegiadas, sino que el Espíritu Santo es un regalo disponible para obrar en la vida de cada creyente (¡y eso te incluye a ti!). Es un don que Dios da y no lo da a medias, sino que lo otorga en plenitud: la expresión bíblica es «llena, lleno» del Espíritu Santo.

TERCER TEMA. La intervención de Dios, el reino (programa de gobierno) de Dios invierte el “orden” establecido... Se estima que en la sociedad palestina del primer siglo de un 2% a un 5% de la población tenía control de la riqueza y el poder político, económico y religioso, mientras que el resto de la población vivía en la miseria, en opresión, deudas, hambre, trabajos y condiciones de vida muy desventajadas. La canción de María celebra que mientras los reinos de este mundo funcionan en un marco de opresión e injusticia, el reino de Dios se opone a la opresión, a las desigualdades sociales, a los poderes que maltratan a los débiles, a los sistemas de acumulación de bienes que dejan a los(as) demás en carencia, a los aventajados que engordan sus ganancias mientras excluyen y marginan a los pueblos. El favor, las bondades, la misericordia de Dios no son para ser acaparados por unos pocos “privilegiados”, sino que son para ser disfrutados también por aquellos(as) que la sociedad desplaza. El reino de Dios es un revés para los reinos de este mundo.

CUARTO TEMA. (Muy relacionado con el tema anterior.) La gracia de Dios no pertenece a una sola nación/grupo. La canción de María hace mención del cumplimiento de una promesa de Dios al antepasado Abraham. Esa promesa la encontramos reseñada en Génesis 12.3: «por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo». Los seres humanos tenemos la tendencia a excluir, pero la gracia de Dios tiene la tendencia a incluir. Piénsalo bien, esa persona a quien rechazas, esa persona de quien te burlas, esa persona a quien juzgas severamente, puede ser recipiente de la bendición de Dios: tiene espacio en la misericordia del Señor...

Cuando miramos detenidamente esta canción de María, encontramos una frase que en si misma recoge el sentido de todo este obrar de Dios, identificado en los temas que hemos acentuado: «Dios ha puesto sus ojos en mí» (1.48 DHH). Muy bien pudiésemos decir que esta expresión recoge la plenitud de lo que es el evangelio, la buena noticia: Dios ha puesto sus ojos en mí... Dios ha puesto sus ojos en ti... Eso es digno de celebrar, agradecer y compartir: «Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi salvador» (1.46-47). §