domingo, 27 de enero de 2008

Para que conste

Creo en el matrimonio heterosexual. Soy producto de un matrimonio heterosexual y actualmente estoy felizmente casado con una mujer (otra vez, matrimonio heterosexual).

Lo que mi conciencia no me permite apoyar es la resolución que se ha estado promoviendo para elevar el matrimonio heterosexual al nivel de la Constitución de Puerto Rico. A continuación comparto y explico mis planteamientos.

PRIMERO. ¿Es necesario hacer esto? La ley civil en Puerto Rico define ya el matrimonio. No es necesario “llover sobre mojado”.

SEGUNDO. ¿Cuál es la motivación real en los gobernantes para proponer esto? ¿Tendrá que ver el hecho de que se acercan los procesos primaristas y luego los procesos eleccionarios y necesitan pescar/asegurar votantes de corte religioso conservador fundamentalista? Y si entendieran que la mayoría de votos están en otra posición, ¿invertirían tiempo y recursos en ese asunto? Quienes votamos por los gobernantes lo hicimos para que administraran bien y trabajaran por el bien de todos los sectores del País, no de unos grupos particulares.

TERCERO. Leí recientemente en la prensa la afirmación que alguien hizo al efecto de que la resolución 99 tiene que ser aprobada porque “hay que defender y proteger la familia”. ¿Cuál familia? ¿De cuándo acá los problemas familiares son provocados o resueltos por la Constitución del País? De quien único hay que defender la familia es de los integrantes de la familia. Son los miembros de la familia los que la edifican o la destruyen. Son los miembros de la familia los que deciden ser infieles; son los miembros de la familia los que abusan y maltratan a su pareja o a sus hijos(as); son los miembros de la familia los que se gritan cuando deben hablar y los que mantienen silencio cuando deben fomentar la buena comunicación... Entonces, ¿de quién hay que defender la familia? ¿Constitucionalizar el matrimonio heterosexual va a hacer que las esposas y los esposos sean más felices? ¿Constitucionalizar el matrimonio heterosexual va a hacer que el montón de personas que mantienen relaciones y “aventuras” fuera de su pareja dejen de hacerlo y se conviertan en personas fieles y dedicadas? ¿Constitucionalizar el matrimonio heterosexual va a hacer que los hijos e hijas se hagan cargo de sus padres y madres que han sido abandonados en la vejez? ¿Constitucionalizar el matrimonio heterosexual va a hacer que surja el amor entre quienes se casan por conveniencia, apariencia o interés? ¿Constitucionalizar el matrimonio heterosexual va a hacer que sean felices quienes se casan sin contar con la madurez y la salud emocional para gozar una buena calidad de vida conyugal? Repito, los hogares se destruyen por factores internos, no por factores externos. Son los miembros de una familia los responsables de la sana convivencia, las buenas relaciones y el fomento del amor, el respeto, el cuidado mutuo, el trato justo y humanitario en el seno del hogar.

CUARTO. Enmendar la Constitución como propone esta medida atenta contra el diálogo y el análisis serio sobre la realidad de los diferentes tipos y estilos de familia. Lo que es peor, legaliza el discrimen contra todos los modelos familiares que no se ajusten a un sólo patrón y pone en juego derechos básicos de quienes no se atemperan a la ley propuesta.

QUINTO. Mis hermanos(as) cristianos que argumentan en favor de la medida con frases como “la Biblia dice...”, pasan por alto el resultado de siglos de interpretación, investigación y análisis crítico que nos permite entender los textos bíblicos en sus contextos para aplicar el mensaje esencial a nuestro contexto. A estas alturas deberían saber que una buena herramienta en manos de quien no sepa usarla puede tener un efecto devastador. Citar la Biblia a “tutiplén” sin un estudio serio y riguroso convierte a muchos(as) en fariseos del Siglo 21, dando más valor a interpretaciones y tradiciones que al criterio evangélico y cristológico de la compasión y la justicia. Las Sagradas Escrituras tienen múltiples voces que en ocasiones contienen enfoques distintos que reflejan el contexto social y cultural que da origen a cada uno de los libros bíblicos. Por ejemplo, ¿debemos entender la sexualidad desde los conceptos de “impureza” del Levítico o desde los conceptos de disfrute y deleite de Cantar de Los Cantares? ¿Debemos dar el visto bueno al divorcio por cualquier causa, se debe prohibir totalmente o se debe entender cada caso en sus propios méritos?

SEXTO. Mis hermanas y hermanos cristianos que pretenden que el gobierno legisle a favor de las posturas particulares de sus respectivas iglesias y movimientos religiosos son los mismos que acusarán al gobierno de discrimen y persecución si alguna vez se legisla según las posturas de una religión distinta a la cristiana... son los mismos que van a poner el grito en el cielo cuando el gobierno les imponga contribuciones a las ofrendas y pretenda poner las iglesias a llenar planillas... Entonces dirán: “¡separación de iglesia y estado!” Me parece que nuestro Señor Jesucristo fue muy claro al decir: «A César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios».

SÉPTIMO. “Zapatero a su zapato”, dice el viejo refrán. Cada iglesia es libre de establecer sus propias reglas en cuanto a sus sacramentos, oficios y prácticas rituales. Cada iglesia es libre de establecer sus propias reglas y términos sobre a quienes casa o a quienes no casa de acuerdo a sus convicciones. Mi iglesia tiene sus propias reglas y yo, como ministro, las obedezco, las practico y las defiendo. Pero no se puede pretender que el gobierno legisle para toda la población según los postulados de una postura religiosa particular. Si se permite y se fomenta eso ahora, ¿qué será lo próximo? ¿Se le entregará al gobierno el poder de decidir en cuestiones de fe y conciencia religiosa? ¿Se le dará al Estado la facultad de imponer quienes serán los(as) sacerdotes, ministros y oficiales de las iglesias? Debo recordarles que en el siglo pasado hubo iglesias que apoyaron el régimen totalitario de Adolfo Hitler y las iglesias que levantaron voz profética en contra de su política sufrieron las consecuencias. ¿Vamos aquí a pavimentar el camino para que algo así ocurra en el futuro? ¿Vamos a dar los primeros pasos para la gestación de un sistema social y político que tire al suelo la pluralidad, demonice la diferencia y criminalice la disención?

La tradición cristiana a la que yo pertenezco -Iglesia Presbiteriana (EUA)- afirma en sus postulados que “sólo Dios es el Señor de la conciencia”. Yo no estoy dispuesto a poner mi conciencia en manos del estado ni en manos de quien no sea Dios. De igual manera no puedo apoyar que el gobierno tome las decisiones que son propias de la conciencia de cada ciudadano(a) de este querido País.

Y, para que conste, respeto a quienes profesen otras religiones y respeto a quienes no profesan religión alguna, pero yo soy cristiano, amo a la iglesia cristiana en toda su diversidad y, sobre todas las cosas, amo al Señor Jesucristo. De hecho, porque amo a Jesucristo tengo que pronunciarme en contra de todo lo que represente una amenaza contra los valores universales del reino que Jesucristo predicó y practicó (el amor, la justicia y la paz), aunque la amenaza provenga de la propia cristiandad.

martes, 1 de enero de 2008

Un año que viene . . . y otro que se va

Así dice la línea de una de esas tradicionales canciones que tanto nos gustan en la Navidad: “un año que viene y otro que se va.” Mi bisabuela decía que “lo mejor que Dios hizo fue un día detrás de otro”. De la misma manera pudiésemos decir que lo mejor que Dios hizo fue un año detrás de otro...

En estos días se escuchan los saludos tradicionales de: “felicidades”, “próspero año nuevo”, “que el año viejo se lleve las penas y el año nuevo te traiga muchas cosas buenas”, y así por el estilo. Lo cierto es que los años no tienen la capacidad de traer ni llevar nada. Los años son simplemente una medida de tiempo, un recordatorio de que en la tierra existimos de manera limitada, finita. Como medida de tiempo, los años nos ayudan a identificar aquellos momentos en que hemos vivido experiencias de diferente naturaleza: tanto aquellas experiencias que recordamos con cariño, como aquellas experiencias que preferiríamos olvidar. En nosotros(as) está decidir cómo vamos a reaccionar y cómo vamos a actuar ante las dificultades y oportunidades que se nos presentan en el tiempo que sea. Roguemos, pues, al Señor que nos conceda sabiduría y madurez para decidir y obrar de la mejor manera posible.

Algo que también caracteriza el inicio de un nuevo año son las tradicionales resoluciones de año nuevo: “en este nuevo año voy a rebajar, en este nuevo año voy a cuidar más mi salud, en este nuevo año sí que me voy a consagrar al Señor, en este nuevo año voy a pintar la casa, en este nuevo año voy a dejar de hacer tal o cual cosa dañina, en este nuevo año voy a conseguir un empleo estable... en este nuevo año voy a ser un mejor padre/madre... en este nuevo año... en este nuevo año...” Detente un momento: ¿acaso no son esas mismas cosas las que dijiste que serían diferentes durante el año que ahora consideras “año viejo”? ¿Qué pasó? ¿Se te olvidó? ¿Por qué el mismo libreto año tras año? Decimos querer cambio, pero en la práctica nos resistimos al cambio. Si para cambiar se requiere voluntad y persistencia, entonces preferimos que las cosas en nuestra vida se queden iguales. Sobre ello la Escritura nos advierte: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos» (Romanos 12.2 RVR). La traducción en lenguaje actual lo dice de esta forma: «No vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.»

Atrévete a ser diferente. Atrévete a identificar la voluntad de Dios y seguirla. Atrévete a aprender y practicar el estilo de vida de Jesús, eso que él llamó “El reino de Dios”. Así descubrirás resultados y consecuencias que repercuten más allá de un año nuevo. Los efectos de vivir el reino de Dios desde ahora son para toda la vida y se proyectan en la eternidad. Las libritas extras y otras misceláneas son cosas que se irán atendiendo en el camino mientras los años vienen y van. §